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LAS AMÉRICAS COMO HERIDA ABIERTA. MEMORIAS EN LUCHA, TECNOLOGÍAS DEL OLVIDO Y PRÁCTICAS DE RE-EXISTENCIA

La memoria, en las Américas, no es un archivo neutral: es un campo de batalla epistémico-político donde se disputan las condiciones mismas de la existencia colectiva. Desde la violencia fundacional de la conquista hasta las formas contemporáneas del despojo –extractivismo, racismo de Estado, violencia epistémica, feminicidio, desaparición forzada– el continente ha sido escenario de una producción deliberada de olvidos que funcionan como tecnologías de la colonialidad. Estados, proyectos coloniales y las actuales dinámicas del capital global han desplegado sofisticados dispositivos de borramiento que operan simultáneamente sobre cuerpos, territorios y lenguas, configurando paisajes donde ciertas memorias son sistemáticamente silenciadas mientras otras se consolidan como el único relato legítimo del pasado.
Nos interesa situar el análisis en los actores concretos que disputan la memoria en el presente. Por un lado, las instituciones estatales, los aparatos jurídicos, los dispositivos educativos, los archivos oficiales y las industrias culturales que reproducen narrativas que estabilizan formas de historia funcionales a la colonialidad del poder. A estos se suman las corporaciones extractivas y regímenes contemporáneos de gestión territorial que, al devastar ecosistemas, interrumpen las tramas materiales donde la memoria se sostiene como práctica relacional y como forma de vida. Por otro lado, comunidades indígenas, pueblos afrodescendientes, colectivos de familiares de desaparecidos, organizaciones feministas y movimientos territoriales despliegan prácticas de memoria que desbordan la lógica de la conmemoración para constituirse en modos genuinos de acción política. En estos contextos, recordar no es simplemente recuperar: es defender territorios, lenguas, vínculos y formas de existencia amenazadas. La memoria se activa aquí como principio organizador de la vida colectiva, como
Este simposio aborda, pero no se limita, a los siguientes ejes temáticos: las formas en que comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas y otras comunidades históricamente subalternizadas construyen, transmiten y activan memorias que no solo registran el daño, sino que producen mundos posibles y sostienen la vida frente a múltiples formas de violencia colonial; las tecnologías de producción del olvido — archivos coloniales y republicanos, museos, monumentos, estandarización lingüística, la traducción como violencia epistémica — y de los archivos contracoloniales que las desafían; formas de memoria no-humanas y sus implicaciones para repensar la relacionalidad y el cuidado; nexos entre economías extractivas y la producción de violencias que generan nuevas olas de desapariciones, desplazamientos y memorias inconclusas; el género y la «raza» como ejes constitutivos e inseparables de las memorias latinoamericanas; y las formas en que los movimientos sociales y los nuevos medios de comunicación disputan los marcos desde los cuales se define qué merece ser recordado y quién tiene autoridad para hacerlo.
En este horizonte, la memoria aparece como una práctica indispensable para las luchas políticas del presente. No se trata únicamente de recuperar el pasado, sino de sostener la posibilidad de futuros no coloniales. Las memorias en lucha no solo resisten, sino que reconfiguran los modos de producir conocimiento, cuestionando las jerarquías que han definido qué memorias cuentan y cuáles pueden ser descartadas.

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