INTERMITENCIAS DE LA MUERTE EL SIMPOSIO RESPONDE A UN ESPACIO DE LECTURA ENTRE VARIOS COLEGAS QUE, DESDE DIFERENTES ÁREAS DISCIPLINARIAS, PENSAMOS LA MUERTE Y EL DUELO
Intermitencias de la muerte
Nuestro simposio plantea reflexionar, desde diferentes perspectivas disciplinarias, sobre la pérdida y el duelo. ¿Qué duelos atravesamos en el mundo contemporáneo, desde la experiencia situada en nuestros países latinoamericanos? ¿Cómo habitamos el espacio y percibimos el sentido del tiempo cuando la vivencia de la muerte nos afecta? ¿Qué tejidos culturales trenzamos para sanar heridas? ¿Con qué archivos (domésticos e institucionales) dialogamos al momento de gestionar nuestras pérdidas desde la escritura, la creación artística, el acompañamiento sociocultural, el pensamiento crítico? ¿En qué lengua pensamos y narramos la muerte?, porque el duelo solicita de nuestras bocas entrar nuevamente en el lenguaje, hacer nuestras palabras antes ajenas, inventar un tiempo gramatical para hablar de nuestros muertos en presente y exteriorizar el lamento. O tal vez callarlo. La filósofa belga Vinciane Despret propone que los muertos solo están verdaderamente muertos si dejamos de darles conversación; es decir, conservación. ¿Qué rituales, escrituras, prácticas, inventamos quienes permanecemos en el lado de acá para continuar la conversación con nuestros muertos, para no olvidarlos, darles un plus de existencia y hacerles un lugar que los aloje? ¿Cómo confrontamos el pasado y las voces que vienen de atrás, para irrumpir el presente de los vivos, al momento de inscribir filiaciones y memorias colectivas? ¿Qué hacemos con el peso de los legados y cómo interpretamos la herencia recibida, en el proceso de construir relatos identitarios y genealogías comunes?
David Le Breton distingue dolor y sufrimiento: el dolor surge del uso médico, alude a la experiencia sensorial, la nociocepción. Mientras que el sufrimiento es el resultado perceptivo de aquello; nos conduce al terreno del sentido, de lo simbólico. Pérdidas, duelo, muerte son acontecimientos inevitables y constantes en nuestras vidas, que nos remite a diversas formas de muerte. El duelo es el tránsito que seguimos entre la vida y la muerte. Entre la muerte y el retorno a la vida, nos movemos con la certeza de haber perdido algo y de transformarnos. El duelo no nos deja indemnes. Hacer el duelo y fecundar nuevos horizontes es una sola cosa. Nos preguntamos en qué lugares se sitúa a los muertos desde la visión de los vivos. Pues la muerte reorganiza el ritmo de quienes quedamos para habitar, sobrevivir y narrar sobre el mundo. Nuestras sociedades han cambiado en los últimos años, han dejado desnudas y desritualizadas las experiencias de la muerte que se presentan ante nuestros ojos desprovistas de nombres, historia o empatía. El lugar sagrado de la mortalidad es constatemente arrebatado por lo real de los espacios armados. Las muertes violentas y seriales en nuestros países alteran el sentido de la convivencia, la posibilidad de un mundo en común. El duelo se experimenta individualmente y, al mismo tiempo, en colectividad. Somos una comundiad doliente. Los códigos de cuidar la vida y respetar la muerte se diluyen en el mundo ante la escalada de violencia. Por eso la necesidad de pensarlos, gestionarlos, reinventarlos.
