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LOS MUNDOS DEL LIBRO EN EL VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA

La introducción de la imprenta en Nueva España se produjo en fechas tempranas con la llegada del impresor Juan Pablos (1539); sin embargo, aun antes de su arribo ya circulaban libros impresos procedentes de Europa. Ante el requerimiento constante de libros varias ciudades novohispanas contaron con imprentas: la primera fue Ciudad de México, donde se establecieron importantes impresores. Le siguió Puebla de los Ángeles en la década de 1640, que ya para el siglo XVIII contó con importantes talleres tipográficos.
Estos talleres cubrieron la demanda de libros necesaria para la evangelización y la enseñanza. Gramáticas, vocabularios y cartillas contribuyeron tanto a la conversión religiosa como a la alfabetización. Fue el libro, en esta época, un vector cultural en el que participaron diferentes agentes: autores, editores, censores, impresores, libreros, grabadores y lectores. La participación de cada uno de estos agentes permite estudiar los procesos creativos, tanto textuales como materiales, y de distribución de los libros. La circulación se dio tanto en centros productivos, como en otras regiones del virreinato, visibilizando las diversas redes de distribución y con ello, la conformación de acervos.
La imprenta y todos los procesos implícitos para que un libro llegase a un lector y a una biblioteca, son parte de la historia de la conformación del patrimonio bibliográfico de México. Estas bibliotecas virreinales son el origen de los acervos nacionales, pues en su mayoría se dispersaron en el siglo XIX, después de las reformas políticas de Benito Juárez quien decretó la desamortización de los bienes eclesiásticos. Miles de libros se depositaron temporalmente en recintos religiosos para que de ahí fueran distribuidos a las diferentes bibliotecas que se fundaron. En estos años, también, se levantaron diversos inventarios de bibliotecas institucionales que nos permiten entrever la riqueza de estos acervos, que podrían tener tanto títulos religiosos como científicos, no importando si eran acervos privados, institucionales o de congregaciones religiosas. Conviene apuntar que también los libreros hicieron listados de todo lo que se vendía en sus tiendas, y los entregaron a la Inquisición, pues era la autoridad reguladora de lo que se imprimía dentro del orbe católico.
Las herramientas para el estudio de la cultura impresa son diversas, en los últimos años una herramienta recurrente son los testimonios de procedencia. Estos rasgos identitarios han propiciado una metodología para la reconstrucción de algunas bibliotecas, y para profundizar en la circulación y comercio de libros. En casos puntuales, se ha podido indagar sobre sistemas de lectura y escritura, por ello son incluídos como parte de la investigaciones sobre libros y bibliotecas virreinales.
El presente simposio se propone estimular el debate sobre el libro en Nueva España, desde diversas perspectivas:
1. La imprenta, los impresores y los talleres tipográficos
2. Los agentes de los libros
3. Las redes de circulación de libros dentro de la Nueva España y en los diversos territorios de la monarquía.
4. La imagen en los libros impresos en Nueva España.
5. Las bibliotecas privadas e institucionales
6. Catálogos, inventario y memorias de libros.
7. La mujer y el libro.
8. La conformación del patrimonio bibliográfico nacional mexicano.

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