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DANZA Y POLÍTICA, ITINERARIOS INVESTIGATIVOS DESDE EXPERIENCIAS POLÍTICAS DE LAS DANZAS

La danza, entendida como disciplina artística, cuenta con una trayectoria histórica y teórica que se consolida en el intercambio entre repertorios e investigaciones de distintos países y continentes. Su trayectoria, en el marco de la modernidad, implica una relación de imbricación con lo político posible de identificar desde su génesis y que puede entenderse como la consolidación de discursos hegemónicos desde las prácticas artísticas fomentadas por el Estado, principalmente a partir del siglo XX (Eiff, 2020).
El reconocido hito fundacional en la creación de la Academia Real de Danza en 1661 por el Rey Luis XIV de Francia, que inaugura la notación coreográfica, la cual comienza a articularse en diversos tratados (Lepecki, 2006, pp. 13-46), dio inicio a un campo discursivo de reproducción coreográfica de una serie de prácticas de sentido (Foster en Franko y Vallejos, 2021). De esta manera, en los distintos países en los que la disciplina se ha desarrollado se puede comprender cierta continuidad entre fenómenos comunes, entre los cuales se puede mencionar la presencia de elencos estables de diversas técnicas académicas, teatros y salas, espacios de formación, así como la programación de festivales y encuentros específicos para la disciplina.
Ya en el siglo XX, la consolidación de los Estudios de Danza (Morri, 2009; Gonzalez, 2023) ha significado una nutritiva base para las reflexiones críticas que, aportando propias metodologías, reconocen al campo de la danza como productor de conocimiento y ya no sólo como un cúmulo de obras organizadas en una linealidad histórica. La apuesta desde esta perspectiva, que se desconcentra de los análisis netamente de repertorio y|o estéticos, ha permitido estudiar la disciplina como parte del entramado social, cultural y político en el que se desenvuelve. Y, al mismo tiempo, llevar adelante desde sus propias apuestas metodológicas, una lectura de las dinámicas sociales y culturales en contextos históricos específicos, aportando a los debates teórico políticos y sociales, así como estéticos, en diálogo estrecho con las Ciencias Sociales.
Gracias a la proliferación de oferta de profesionalización universitaria, en las últimas tres décadas, se ha podido observar un crecimiento de reflexiones teóricas que buscan leer la implicancia política de las danzas que se practican en nuestros territorios, así como proponer marcos teóricos situados. Ampliando así la lectura de la relación entre la danza y la política, que va desde lo institucional, pasando por lo estético, hacia las manifestaciones sociales que se articulan desde la propia disciplina.
En este contexto de apertura y debate, resulta clave abrir un espacio de diálogo que habilite y nutra el intercambio de los marcos teóricos, metodológicos y políticos que están orientando estas investigaciones, relevando el valor de las propias prácticas políticas que desde la danza (principalmente contemporánea) se identifican hoy como un espacio en el que se ponen en juego conceptualizaciones teórico políticas, así como sociales, antropológicas, estéticas e históricas.

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