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ESCRITURAS DE MUJERES DEL NORTE DE MÉXICO: CANON, POÉTICAS Y MEMORIAS

La supuesta aridez del Norte de México ha reforzado la noción de que es un territorio estéril. El patriarcado discursivo que signó las narrativas del siglo XX coadyuvó a que la producción literaria femenina se mantuviera al margen de los relatos canonizados, no solo en esta región, sino en todo el continente, reconociéndose una doble exclusión respecto al sexo y la ubicación sociogeográfica de sus autoras: una exclusión que este simposio se propone examinar.
El punto de partida son dos escritoras norteñas. En los cuentos de Irma Sabina Sepúlveda (1930-1988) se observan estrategias de creación identitaria a través de la ironía y el humor, recursos que ubican su narrativa como parte del canon literario. En los cuentos de Inés Arredondo (1928-1989) el erotismo se presenta en una oposición entre perversión y pureza que deriva en una transgresión cargada de culpa, poniendo de manifiesto los deseos más oscuros del ser humano. Ambas autoras han sido leídas desde los márgenes, aunque los mecanismos de exclusión-resistencia difieren tanto como sus poéticas.
El Certamen de Literatura Joven de la UANL, con primera convocatoria en 1991, es un programa de fomento a la creación que ha incidido en la formación de cientos de estudiantes. Desde Hélène Cixous, la escritura femenina puede examinarse como desgarramiento y conquista, y como articulación de voces simbólicas que reproducen un testimonio generacional y territorial. El certamen se convierte así en laboratorio donde la exclusión histórica se transforma en genealogía, que llega al presente en autoras que reescriben la violencia, el cuerpo y la memoria como resistencia: la noción de poéticas de lo inquietante permite pensar un movimiento estético donde el horror se vincula no solo con seres sobrenaturales, sino con experiencias situadas –hogares deteriorados, espacios opresivos, cuerpos marcados por la violencia–, tal como evidencian narradoras del noreste en Chicalotas (2024). En la misma línea, Donde termina el verano (2026) de Elma Correa explora cómo la violencia estructural afecta la vida de la frontera norte, mientras la solidaridad entre las protagonistas traza esperanza.
Frente a esa violencia instalada en los cuerpos, Cristina Rivera Garza responde desde otro registro: La muerte me da (2008) desdibuja los límites entre la novela policiaca, el ensayo y la poesía a través del abyecto; la violencia deja de localizarse en los cuerpos representados para instalarse en el lenguaje. Esa inscripción se amplía en la propuesta que cierra el simposio: el cuerpo se convierte en la superficie donde la violencia se inscribe y desde la que puede leerse la experiencia del abuso, el miedo, la pérdida, el deseo o la resistencia; la herida, la cicatriz o el silencio corporal adquieren un valor narrativo que revela relaciones de poder y formas de resistencia, entendiendo el cuerpo como el mapa desde el que reconstruir una geografía de la herida.
Este simposio propone una genealogía crítica de la escritura de mujeres en el norte de México: desde las autoras excluidas del canon hasta las voces que reescriben la violencia, el cuerpo y la memoria como resistencia.

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