PAISAJES HISTÓRICOS DE LA PRODUCCIÓN. TENSIONES, CONTRADICCIONES Y DESAFÍOS EN EL S. XXI
En las últimas décadas asistimos a un interés creciente por documentar las huellas materiales e inmateriales de las culturas del trabajo, que algunos engloban bajo la categoría paraguas de paisajes históricos y|o culturales de la producción. Se refieren a las marcas que dejan las actividades económicas de las sociedades en el espacio.
En esta línea reconocemos a François Jullien (2018) y su enfoque relacional del paisaje, que reemplaza formas estáticas por dinámicas experienciales e integra dimensiones simbólicas, afectivas, históricas y culturales. En el ámbito americanista, las lógicas binarias impuestas por la expansión europea y la consolidación de imperios capitalistas industriales en el siglo XIX legaron modelos que transformaron sistemas urbanos, rurales y dinámicas regionales, en laboratorios de intervención, sometidos en la contemporaneidad, a una revisión crítica rigurosa. Los paisajes, por definición, son evolutivos y dinámicos: síntesis de actividades, procedimientos y relaciones sociales que sostienen a las personas en un territorio a lo largo de procesos históricos marcados por discontinuidades y rupturas (Sobrino Simal, 2018). Aunque la noción suele centrarse en las huellas del trabajo humano sobre la naturaleza, conviene reconocer también el trabajo de las naturalezas bióticas y no bióticas y su coevolución con las sociedades; ese entrelazamiento -analizado, entre otros, por Moore (2025)-, merece mayor atención porque informa tanto nuestro pasado como los futuros posibles.
La discusión sobre paisajes culturales productivos busca nutrirse de perspectivas novedosas y marcos teóricos y metodológicos diversos: Don Mitchell (2003) aporta herramientas para comprender la producción del espacio y las disputas territoriales que atraviesan los paisajes productivos; Arturo Escobar (1995; 2018) ofrece perspectivas postdesarrollo y valoriza saberes locales en mundos plurales; Emilio F. Moran, desde la Amazonía, discute las fronteras agrícolas y las metodologías integradas para cartografiar esas transformaciones; Giuseppe Scandurra aporta enfoques etnográficos y visuales que enlazan prácticas cotidianas, patrimonio y paisaje; Manuel Sacristán, proporciona un marco epistemológico para cuestionar las políticas científicas que orientan las intervenciones en territorios productivos. En conjunto, estos recursos permiten maridar pluralidad de saberes, herramientas empíricas y enfoques relacionales entre el pensamiento paisajero (Berque, 2009) y las apelaciones a la defensa, tutela y gestión de los paisajes locales.
El renovado interés por documentar los paisajes históricos de la producción responde además a la vitalidad de la investigación crítica y a la intensa oleada de transformaciones del siglo XXI: expansión del capital, acaparamiento y extranjerización de tierras, urbanización y metropolización, intensificación del extractivismo y agravamiento de desigualdades y conflictos sociales, todo ello superpuesto a cambios ambientales globales. Muchos de estos procesos son potencialmente irreversibles en el marco del Capitaloceno ( Moore; Haraway; Patel; Serratos) y ponen en riesgo las naturalezas humanas y no humanas, así como las huellas laborales que confluyen en la producción de paisajes.
Nos interesa repensar estos paisajes a escala territorial como palimpsestos que entretejen personas y territorios. El simposio propone debatir el papel de la ciencia en estos procesos, la continuidad de los paisajes culturales productivos (PCP) frente a los desafíos contemporáneos y el replanteo de las herramientas que permitan sostener la esperanza de futuros alternativos.
