CULTURA DIGITAL Y REDES SOCIALES
La cultura digital constituye uno de los fenómenos más significativos para comprender las transformaciones sociales contemporáneas. Más allá del uso de tecnologías o plataformas, se refiere al conjunto de prácticas, significados, relaciones e interacciones que emergen de la convergencia entre las tecnologías digitales, redes de comunicación y actores sociales. Se pasa del simple uso de dispositivos o plataformas tecnológicas para constituirse en una nueva ecología cultural. Es así como, desde esta perspectiva, las redes sociales han consolidado espacios para la comunicación, participación, construcción de identidades y circulación de información, configurando nuevas formas de interacción social y producción cultural en la sociedad contemporánea.
Vivimos en una sociedad red (Castells,1997) caracterizada por la organización de las relaciones sociales a partir de redes digitales de información. La Internet, no solo modificó las formas de ejercer el poder, sino también las de producir conocimiento y participar en la vida pública (Castells, 2009). Por ello, se considera que las tecnologías digitales han pasado de ser herramientas a convertirse en elementos estructurales de la vida social. Desde otra perspectiva, la cultura participativa ha permitido crear y resignificar contenidos, en donde las fronteras de producción y consumo son cada vez más difusas (Jenkins et al. 2009). En donde esta participación ha transformado la relación vertical tradicional entre medios, audiencias, nichos y comunidades, favoreciendo procesos de colaboración, creación colectiva y circulación de narrativas que trascienden múltiples plataformas y niveles.
Sin embargo, la cultura digital también plantea importantes desafíos. Van Dijck, et al. (2018) advirtieron que las plataformas digitales son infraestructuras que organizan la vida social y no espacios neutrales. Por su parte, Zuboff (2019) indica que ahora son ecosistemas organizados por algoritmos y modelos económicos que utilizan los datos como un recurso estratégico, soportado en un capitalismo de vigilancia; el cual convierte la experiencia humana como materia prima gratuita para convertirla en datos conductuales, aspecto que ha caracterizado desde un inicio el uso de la inteligencia artificial. Lo cual abre debates sobre privacidad, la autonomía y la concentración del poder tecnológico.
A estas transformaciones se suman otros fenómenos propios del contexto digital. La economía de la atención, la construcción de identidades en línea, el activismo digital, la participación ciudadana y la creciente influencia de los algoritmos han modificado la manera en que se forman las opiniones, circula la información y se desarrollan los debates públicos, y han favorecido la aparición de burbujas informativas, cámaras de eco y procesos de polarización social.
Por estas razones, estudiar la cultura digital y las redes sociales representa hoy un desafío prioritario para las ciencias sociales, donde el humano sigue siendo el centro de los procesos (León XIV, 2026). Un espacio que busca analizar las formas de interacción, participación, consumo, comunicación y construcción de significados y debatir sobre cómo las personas utilizan las plataformas digitales, cómo se configuran las relaciones de poder y cómo desde la vida cotidiana es posible comprender estos fenómenos.
